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¿Qué es mejor para las vacaciones: playa o montaña?

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¿Qué es mejor para las vacaciones: playa o montaña?

Ha llegado el momento de las vacaciones… ese gran esperado momento que ansiamos durante el intenso año de trabajo y/o estudios y que parece que nunca llega. Pese a las ganas de desconectar de la rutina y el querer irnos lejos de la ciudad donde vivimos y salir de los sitios donde acudimos  frecuentemente durante el año llega la eterna pregunta: ¿dónde ir?, ¿playa?, ¿montaña?

No desesperes. Cada uno de los destinos que puedas tener en mente son buenos y cada uno aporta cosas distintas que, llegado el momento, pueden despertar más o menos interés. Cada año podrás replantearte la misma pregunta e ir variando en función de las vacaciones, así que simplemente, decide qué hacer este año y sácale el máximo partido.

La playa

Para algunos es la gran protagonista del verano al asociar esta época al sol y a los baños en el mar. Hay quienes viven todo el año en ciudad o pueblo con mar y siguen deseando pasar sus semanas de vacaciones en un sitio con playa, pero para aquellos que viven en ciudades interiores, sin playa próxima, suele ser el destino por excelencia.

La arena, el mar, las olas, la brisa marina, el horizonte siempre a la vista, el olor a puerto, los atardeceres en la playa, los paseos marítimos con sus terracitas…hacen de la playa un escenario paradisíaco en el que perderse. Gracias a todo lo que aportan unas vacaciones junto al mar, uno tendrá la sensación de llevar fuera de casa más días de los que realmente ha salido.

Y no olvidemos los beneficios para la salud que nos regala descansar junto al mar, especialmente para las personas con afecciones en la piel, en huesos y articulaciones y con problemas de estrés y ansiedad. Debido al cambio en la altitud, sobre todo para quienes viven en ciudades de interior, la presión arterial baja y produce una sensación de tranquilidad y relajación agradables.

La única pega, para quien no le guste, puede la saturación de gente en algunas ciudades marítimas y playas. Si eres de los que huyes de las aglomeraciones de gente, intenta, si te decantas por la playa, buscar aquellos sitios menos frecuentados por el turismo o al menos perderte en aquellas playas y calas que estén distanciadas de las grandes y más concurridas.

Otra pega: la humedad ambiental. Hay a quien le favorece mucho, sobre todo a aquellas personas que tienen problemas respiratorios y que necesitan un ambiente más húmedo que el que tienen donde viven el resto del año, pero hay personas que ese grado mayor de humedad les agobia y disgusta…

Y otra cosa importante: la protección solar. No significa que en la montaña uno no deba tener cuidado con los rayos solares pero es cierto que el hecho de pasar el día o parte de él en bañador expuesto a las radiaciones solares es especialmente importante, sobre todo, en los más  pequeños y con un fototipo de piel sensible.

La montaña

Con la montaña ocurre lo mismo que en la playa. Mucha gente que vive en un pueblo de montaña o que la tiene a mano para escaparse frecuentemente a lo largo del año prefiere cambiar de ambiente y opta por la playa. Pero para los que disfrutan de estar en contacto con la naturaleza,  estar rodeados de verde y supone un sitio donde poder hacer actividades de ocio y deporte relacionadas con este medio, la mejor elección sin duda es ésta.

Las ventajas que ofrece son distintas que la playa, pero no por eso peores. El aire fresco, el rocío de los árboles, el poder respirar aire puro, tener la posibilidad de beber agua natural pura son algunas de las características que podemos disfrutar estando en la montaña.

Para la salud también es positivo este tipo de vacaciones. Aunque la playa también da pie a realizar deportes en el mar o en la arena, quizá el pasar unos días en la montaña nos estimula más a practicar senderismo y poder hacer largos paseos por la montaña. Esto nos ayudará a reducir grasa corporal, tonificar los músculos y articulaciones y conseguir relajarnos.

Aunque es más difícil encontrarnos en sitios donde haya un exceso de gente hay que también vigilar dónde vamos, dado que existen sitios muy frecuentados, sobre todo cuando hace buen tiempo, y puede no encajar del todo con el plan original que teníamos de montaña y paz.

Ya sabes. Reflexiona bien qué te pide el cuerpo y piensa que vayas donde vayas, encontrarás mil motivos para disfrutar del destino.

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