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La importancia de un buen desayuno

Breakfast with coffee, juice, croissant, salad, muesli and egg

Una de las piezas clave para conservar un buen estado de salud es la alimentación sana y equilibrada. La alimentación adecuada junto a la práctica regular de ejercicio nos proporcionará, en gran medida, nuestro bienestar presente y futuro.

Una dieta saludable debe tener en cuenta la cantidad de alimentos que tomamos, la frecuencia, el tiempo de consumo así como la organización de las comidas a lo largo del día y en función de nuestro estilo de vida y nuestras necesidades.

Dentro de la distribución de comidas al día queremos hoy hacer mención especial a la importancia que tiene comenzar el día con un buen desayuno. 

Después de las horas de ayuno nocturno, el desayuno es el encargado de aportarnos esa primera descarga de energía para comenzar el día en las condiciones más favorables, tanto para mejorar el rendimiento intelectual como el físico.

Con los alimentos que ingerimos en el desayuno podemos llegar a cubrir las necesidades de vitaminas y minerales diarias, como el calcio, el magnesio, el zinc y la vitamina B6, entre otros. Además, si conseguimos tomar un desayuno completo y adecuado podremos evitar “picar” innecesariamente entre horas, comer bollería u otros alimentos que aportan muchas calorías y poco contenido nutricional.

¿Qué entendemos por un buen desayuno? 

Lógicamente cada uno podrá adecuarlo a sus gustos y sus necesidades particulares, pero debes intentar que sea una comida completa, proporcionándote el 20-25 % de las calorías diarias. 

No tomes algo rápido y corriendo. Dedícale el tiempo suficiente para poder incluir lácteos, pan, galletas, cereales, fruta o vegetales frescos. Estamos acostumbrados a levantarnos deprisa y apurar el tiempo, incluso salir de casa sin ingerir absolutamente nada y esto es un grave error. Merece la pena levantarse un poco antes y poder dedicarle más tiempo a esta primera comida, tu salud lo agradecerá.

Intenta tomar alimentos con fibra y limita aquellos que tengan un alto contenido graso, como bollería, mantecas, etc.

No desayunar no sólo no ayuda al control del peso, sino que contribuye a incrementar el riesgo de obesidad. Es obvio que cuando no se desayuna se tiende a picar más entre horas y eso dificulta construir una alimentación saludable y equilibrada.

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