boiron.es

Ideas para una alimentación cardiosaludable

Ideas para una alimentación cardiosaludable

Las enfermedades del corazón y del sistema circulatorio suponen una de las principales causas de mortalidad en los países desarrollados. Una de las cosas que debemos tener en cuenta es que precisamente los hábitos alimentarios constituyen uno de los aspectos más relevantes a la hora de luchar contra ellas, de modo que la alimentación, hoy en día, debería constituir un pilar fundamental en nuestros hábitos del día a día.

Por supuesto que no debemos olvidar de otros factores que ayudan a desarrollar enfermedades cardiovasculares, como el tabaco, el sedentarismo, el alcohol… en cualquier caso, en este texto nos centraremos en la parte relacionada con la alimentación.

¿Qué solemos hacer mal?

Pese a disponer de una gran variedad de información sobre cómo cuidarnos, los estudios sobre hábitos alimentarios constatan que la sociedad consume una cantidad insuficiente de frutas, verduras y legumbres  y abusa del consumo de carnes así como de los productos elaborados (los que más proporción de grasas y azúcares añadidos contienen).

El ritmo frenético y desordenado que muchas veces llevamos nos fuerza a consumir comida preparada, más grasa y generalmente en mayores cantidades de las que nuestro organismo necesita en relación al ejercicio físico que lleva a cabo.

Entonces…¿qué es  lo más adecuado?

La dieta mediterránea, tan valorada y envidiada por todos los países nos recomiendan consumir un mínimo de 5 raciones de frutas y hortalizas al día. Estos alimentos nos proporcionan una gran cantidad  de vitaminas, minerales y sustancias protectoras para nuestro sistema cardiovascular.

Para matizar en relación con estos grupos de alimentos sería oportuno añadir que el consumo de fruta no debería ser exclusivamente a base de zumos de fruta y mucho menos si estos son de preparación industrial. En este segundo caso, no sólo aportan menos vitaminas que los  naturales  sino que suelen llevar azúcares añadidos para darles más sabor. Por eso, hay que acostumbrarse a tomar fruta variada y comerla entera si es posible.

Con las verduras ocurre algo parecido como con la fruta. Intenta cocinarla fresca siempre que sea posible y evitar al máximo aquella que esté precocinada o en bote. Muchas vitaminas se pierden en los procesos de elaboración industrial y suelen llevar sal en mayor cantidad para su conservación.

En cuanto a los cereales, la única cuestión a tener en cuenta es sustituir aquellos refinados por los integrales, que son más saludables. La fibra que contiene la cáscara del cereal ayuda a que la grasa no se absorba y sea arrastrada para su eliminación de una forma más fisiológica. Con esto contribuimos a reducir las posibilidades de desarrollar diabetes, hipertensión arterial, hipercolesterolemia e incluso algunos tipos de cáncer. Puedes sustituir cualquier plato de arroz por arroz integral o alguno de los cereales por los que tengas menos costumbre a la hora de cocinar, como por ejemplo la avena, la quinoa, el mijo…

Más pescado y menos carne. Vivimos todavía en una cultura donde el consumo de proteínas basada en  la carne es superior al que realmente necesitamos por constitución y forma física. Las carnes rojas y sobre todo aquellas que contienen más grasa de la recomendada, como la carne de cordero, de cerdo, etc., aumentan considerablemente los niveles de colesterol en la sangre. Muchas de estas carnes además son procesadas mediante la utilización de sal u otras sustancias para su mantenimiento, como es el caso de las salchichas, los embutidos, etc.

Sin embargo, el pescado nos aporta proteínas sin la misma grasa que contienen determinadas clases de carne, haciéndolo mucho más cardiosaludable.

Legumbres y frutos secos, sí. Los expertos en nutrición siempre nos recuerdan los beneficios que estos alimentos aportan a la dieta. Es cierto que los frutos secos tienen un número elevado de calorías, por lo que según en qué casos habrá que vigilar más su consumo y no abusar de ellos, pero en general, tanto las legumbres como los frutos secos (siempre que sean naturales y no estén fritos o salados )ofrecen una cantidad infinita de vitaminas y minerales beneficiosos para la salud cardiovascular.

Lácteos. Intenta no abusar de ellos en general y  si los consumes que sean semidesnatados. Aunque en los niños, algunos expertos recomiendan que la leche sea entera. Respecto a los quesos debes saber que algunos de ellos tienen gran cantidad de grasa, especialmente los quesos curados, por lo que su consumo debería ser limitado.

Cuidado con el azúcar. Pese a que estamos muy acostumbrados a endulzar todo para potenciar el sabor de las cosas y nos encontramos rodeados de alimentos dulces que seducen a cualquiera, el consumo de azúcar debería ser muy cuidadoso en cualquier dieta. Al mismo tiempo, es importante no consumir en exceso piezas de bollería. Si además, los pasteles o bollos son industriales, no sólo contienen alta cantidad de azúcar sino que están fabricados con grandes proporciones de aceite y grasa animal, haciéndoles doblemente peligrosos para nuestra salud cardiovascular.

0