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¿Existe el alcoholismo de fin de semana?

¿Existe el alcoholismo de fin de semana?

Beber alcohol sólo los fines de semana no provoca daño. Hay que beber todos los días para ser un alcohólico. Estas son algunas de las afirmaciones con las que muchos jóvenes contestan a la pregunta de si existe alcoholismo de fin de semana.

El alcoholismo de fin de semana realmente existe. Muchas personas pueden desarrollar una dependencia de manera intermitente. Pero no sólo es algo común los fines de semana, también se da en ciertos eventos, fiestas, y por supuesto en estas señaladas fiestas navideñas.

Resulta difícil asumir que el alcohol es una droga, es un depresor del sistema nervioso central,  y se asocia a accidentes de tráfico, conductas violentas, etc.

El alcoholismo se asocia a la imposibilidad de dejar de beber. Por esto es difícil pensar en la dependencia cuando se trata de consumos abusivos ocasionales. Son frecuentes las manifestaciones como “puedo dejar de beber cuando quiera”.

¿Cómo identificar este problema?

Se trata de jóvenes, menores de 30 años, bebedores moderados (incluso mínimos), pero que varias veces al mes consumen cantidades importantes de alcohol. Suelen ser de clase y nivel de estudios más elevado. Suele disminuir su incidencia con la edad y cuando se adquieren obligaciones familiares.

¿Qué efectos produce el alcohol?

El daño que provoca el alcohol depende principalmente de la cantidad que se ingiera y del patrón de consumo. No es lo mismo que un adulto sano consuma un par de copas un fin de semana, o que un joven beba en las fiestas hasta embriagarse.

Náuseas, vómitos, gastritis, hepatitis, cirrosis, hipertensión arterial, anemia, disminución de la líbido, impotencia, temblores de manos, epilepsia alcohólica… Todos ellos son efectos indeseables del alcohol.

¿Cómo cambia el comportamiento del alcohólico?

La transformación de la personalidad es uno de los principales aspectos a tener en cuenta para hacer una detección precoz. Son características las manifestaciones reseñadas a continuación:

Mayor inmadurez, dependencia emocional, inseguridad, conductas temerarias, chantajes emocionales, baja tolerancia a la frustración, complejo de inferioridad, hostilidad, celos, complejo de culpabilidad, ideas y tentativas de suicidio, deterioro intelectual, desequilibrio emocional, excesos sexuales, conductas extravagantes, trastornos de la personalidad, angustia, ideas delirantes, etc.

Estos son sólo algunos de los cambios en el comportamiento psicológico que se puede producir en las personas que padecen alcoholismo, un verdadero problema de salud al que muchas veces no se le da la importancia que tiene.

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