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CONTROLA LOS TRIGLICÉRIDOS

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Los triglicéridos son el principal tipo de grasa transportada por la sangre en el organismo. Tras la comida, el organismo digiere las grasas que aportan los alimentos y los triglicéridos se liberan en la sangre. El valor normal en sangre es de 150 mg/dl, aunque varía con la edad y su valor también depende de los alimentos que has tomado horas antes de la extracción de sangre.

¿Qué puede ocasionar un aumento de triglicéridos en sangre?

Este aumento puede obedecer a diversas causas. Entre las más comunes podemos encontrar el exceso de peso, el consumo excesivo de calorías y alimentos grasos, la edad (los valores aumentan regularmente con la edad), el uso de algunos medicamentos, enfermedades como la diabetes o el hipotiroidismo o la menopausia.

En algunos casos, se trata de un aumento de triglicéridos en sangre de origen familiar, de forma que, pese a tener hábitos de vida saludables, se observan distintos casos en la misma familia.

¿Qué consecuencias tiene el aumento de triglicéridos en sangre?

La preocupación por este valor en sangre por parte del personal sanitario se debe a que su aumento está asociado directamente con el aumento de riesgo cardiovascular. Los triglicéridos se acumulan en las paredes de los vasos sanguíneos provocando ateroesclerosis. Esto disminuye el diámetro de los vasos impidiendo el riego sanguíneo a órganos vitales como el corazón o el cerebro.  Las personas con los triglicéridos aumentados tienen más probabilidad de sufrir angina de pecho, infarto de miocardio o ictus isquémico.

 ¿Cómo se puede controlar el nivel de triglicéridos en sangre?

Si tienes los triglicéridos altos lo más importante es mantener unos hábitos de vida saludables en relación a la dieta y al ejercicio físico principalmente.

Controla la ingesta de hidratos de carbono, especialmente de aquellos alimentos que contienen un alto contenido en azúcares refinados. Sustituye el azúcar por edulcorantes y opta mejor por las opciones integrales de pasta, arroz, etc.

Disminuye también el contenido de alimentos grasos, sobre todo los que contienen grasa saturada, como la grasa de origen animal (mantequilla, nata, lácteos enteros, carne de cerdo, cordero…). Utiliza aceite de oliva virgen para aliñar las ensaladas y evita los fritos.

Aumenta la ingesta de frutas y vegetales a diario y reduce igualmente el consumo de alcohol.

Y por último, haz ejercicio. Practica algún deporte 30 minutos al día. Puedes hacer natación, bicicleta, correr y si no simplemente camina. Márcate una rutina de ejercicio y ánimo!

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